LA CONSTITUCIÓN DEL PSIQUISMO

PorGema Sancho

LA CONSTITUCIÓN DEL PSIQUISMO

LA CONSTITUCIÓN DEL PSIQUISMO. Del bebe al sujeto psíquico

El niño, el cachorro humano, nace indefenso, vulnerable e inmaduro. Sometido a sus necesidades e instintos no podría sobrevivir si no fuera por otro que se ocupa de él.

Se ocupa no solo de satisfacer sus necesidades y cuidar físicamente de él, también lo hace con afecto, atención y dedicación.

El cachorro humano depende de ese otro para sobrevivir.

Es en la relación con ese otro, del que en un principio no se diferencia, donde se va constituyendo ese niño que llegara a desarrollarse como ser humano.

Digo que, depende totalmente de ese otro, del que en principio no se diferencia, para sobrevivir y desarrollarse. Será en la relación con ese otro que tiene su propia estructura de personalidad, sus características propias, sus defectos y sus virtudes, donde se irá desarrollando el bebé.

Ósea, que, por un lado tenemos un bebé indefenso, inmaduro biológicamente, expuesto a sus necesidades alimenticias, higiénicas, instintivas, etc., y por otra a un sujeto humano marcado por su propia historia de crianza y desarrollo que también dependió de otro para constituirse en sujeto. Dependerá de esa vivencia histórica la manera en que se posicione ese adulto con ese bebé.

Algo que va a marcar el desarrollo y evolución del bebé y que lo diferencia de los animales, es que nace de una madre que desea, una madre que ya desde antes de quedarse embarazada y antes de nacer el bebé, ya lo desea o no, ya tiene una representación hecha de él. Ósea que el bebé nace ya marcado por una historia que tiene que ver con la historia del padre y de la madre.

El niño nace de una pareja para la que de alguna manera ya existe antes de nacer. Esa pareja tiene una fantasía y unas expectativas sobre el hijo que desean tener. Fantasía y expectativas que marcaran su relación con él.

Además el padre y la madre tienen su propia historia de crianza que a su vez está marcada por la historia de crianza de los abuelos… no es extraño que a lo largo de la terapia vayamos encontrando rasgos, señales de esta herencia que se ha ido trasmitiendo en las generaciones igual que la encontramos en la trasmisión genética.

El bebé, inmaduro, indefenso y dependiente, al principio no se diferencia de ese otro del que tanto depende y lo es todo para él, ese otro, la madre o sustituto, se identifica con el bebé y se centre en él cubriendo sus necesidades lo mejor que puede y sabe.

En un primer momento la madre y el niño son una unidad ya que el niño no diferencia entre él y el otro y la mamá vive por y para el niño. Poco a poco se van produciendo situaciones en las que ese otro, mamá, que cuida, alimenta, contiene esas sensaciones en las que el bebé se desborda y a las que no puede poner nombre, falla, no está, no sabe como calmarle, etc.

Una madre por ejemplo, que se desborda por el llanto repetido del bebé y para calmarle y calmarse le ofrece el pecho o el biberón una y otra vez, de momento parece que calma al niño y se calma ella; pero en realidad no sabe el porqué del llanto del bebé, solo sabe que llora le da el pecho y de momento se calma.

Este ejemplo nos puede servir para pensar que en la repetición de esta situación, llanto pecho inmediato, ya se está iniciando un tipo de vínculo. Madre incontinente que para calmarse y calmar no deja espacio, no piensa, responde inmediatamente. ¿Por qué el niño se calma momentáneamente? A veces será porque se ha saciado el hambre pero seguramente otras será el contacto que calma a la madre, haciéndole sentirse útil al dar una respuesta y trasmite la calma al niño que al poco tiempo volverá a llorar. En el mejor de los casos aparecerá una tercera persona, esposo, abuela etc., que le dirá a la madre “tranquila, dame al bebé” lo tomara en brazos le masajeara la tripita o lo pondrá al hombro y le sacara los gases o simplemente soportara que el niño llore y se mantendrá tranquila, calmándose el bebé.

Vemos pues que importante es la capacidad de respuesta de la madre. La importancia de que la madre pueda mantenerse tranquila y identificada con el niño detecte lo que este necesita, pero también es importante la presencia y respuesta de ese tercero que cuida ese primer espacio entre madre e hijo, respeta e interviene conteniendo y separando a la madre y el niño cuando es necesario.

La madre suficientemente buena, mira al bebé, lo atiende, le inviste y también deja un espacio para que el bebé se vaya constituyendo y diferenciando. El bebé se ve reflejado en la mirada de la madre, en sus cuidados y comienza a diferenciarse poco a poco.

El bebé empieza a diferenciarse pero no se ve como un todo, puede verse fragmentado hasta que poco a poco va construyendo una imagen de sí mismo.

La madre mirará al niño y le dirá que es su rey, que es el niño más bonito del mundo, jugará con él y lo estimulará, se refuerza el vínculo, se siente amado e importante. Esta investidura narcisista que se le da al bebé va a ser fundamental para su desarrollo psíquico.

La madre aparecerá y desaparecerá, unas veces le dará lo que el niño quiere y otras no. El niño sufrirá y se frustrara y será importante que la madre se mantenga tranquila con lo que el niño se sentirá contenido y querido.

Poco a poco se va haciendo más diferenciado e independiente, lo que tiene sus ventajas, puede jugar, gatear, más tarde andar… va teniendo más autonomía.

También va apareciendo el lenguaje que le ayudará a decir que quiere, que le duele…, aunque, con el lenguaje, aparecen también más claramente las limitaciones. A través del lenguaje no puede dar totalmente cuenta de aquello que piensa o siente.

En un momento dado ese tercero que es el padre o sustituto, y que contenía a la madre para que esta pudiera contener al niño, aparece más nítidamente para él, aparece cuando percibe que su mamá no solo le mira a él, también mira a papá y en su mirada ve que también quiere y desea a ese tercero, que también quiere estar sola con él y tiene en cuenta sus deseos.

Como vemos ese cachorro humano, ha ido evolucionando, creciendo, hasta tener una imagen que tiene que ver con la mirada del otro. Con cómo le mira ese otro.

Se va construyendo poco a poco hasta tener una imagen de sí mismo y del otro y accede a la palabra.

Le dicen no y dice no.

De la relación que establece con ese otro, con esos objetos de necesidad, de amor, de deseo, etc. a través de esas relaciones de objeto, de los vínculos e identificaciones que establece con ellos se va construyendo una estructura psíquica.

A lo largo de este proceso y gracias a esos vínculos objétales el bebé va pasando de lo instintivo a lo pulsional.

¿Qué quiere esto decir?

El cachorro humano, el bebé, no piensa pero si tiene sensaciones y tiene necesidades, siente hambre, siente sed etc. y lo que espera es la satisfacción inmediata, le da igual quien o como satisfaga su hambre en un primer momento. Esto es instinto.

El bebé siente que un olor determinado, con un sonido determinado, etc. se acerca y amorosamente cubre su necesidad. El bebé poco a poco ya no solo necesita que le cubran las necesidades de supervivencia también necesita a ese objeto que cubre sus necesidades, ese objeto amoroso que lo arrulla, este siempre ahí. Un objeto al que reclama aunque no tenga hambre, al que busca con su mirada, con su llanto… y lo reclama para sentirse satisfecho, tranquilo, no solo para sentirse saciado. Y a partir de esta relación entre el bebé y su objeto, el niño pasa del instinto a la pulsión, es decir se humaniza.

Aprende a hacer representaciones mentales de vivencias, situaciones, deseos… Ya no solo necesita también desea y también aprende a soportar la frustración.

Mamá es una y yo otro, pero quiero a mi mamá para mí solo. También está papá es mi rival y deseo que desaparezca para tener a mamá para mí solo pero tengo miedo de que papá se enfade conmigo y me castigue, además lo necesito para saber hacerme grande como él y tener a mamá. Papá me dice que mamá es de él no mía y mamá mira a papá de un modo especial, con deseo.
Esto muy simplificado es Edipo y Castración.

Hasta ahora hemos visto a la mamá y al bebé y apareciendo de vez en cuando un tercero, ahora voy a detenerme en ese tercero para hablar de lo que conocemos como función paterna.

Hay que destacar la importancia de este tercero padre o sustituto que es pieza fundamental en el desarrollo del niño.

Es la mujer la que se queda embarazada, es la mujer la que pare y necesita de su pareja para sentirse apoyada, contenida, calmada cuando ve los cambios de su cuerpo, cuando llega el momento del parto… Ese tercero comienza pues su función desde antes de nacer el bebé, aporta su deseo de tener un hijo y cuida, cuidando a la futura madre durante el embarazo y el parto y una vez que ha nacido su hijo ejercerá su función cuidando y protegiendo que ese espacio tan íntimo, en principio indiferenciado no sea alterado por factores amenazantes. Ese tercero también dirá “hasta aquí” a la madre y al niño. El padre en su función paterna también reclamará su lugar junto a la madre y junto a su hijo, reclamara su lugar en la relación de pareja de manera que los lugares se restablezcan, por un lado los padre que también son pareja y por otro los hijos.

Hablamos de función paterna y de función materna lo que nos ayudara a entender que puede desarrollarla otro que no sea el padre o la madre.

De cómo se desarrolle todo lo anteriormente expuesto, del juego de todos los vínculos, de las relaciones de objeto, de las identificaciones, se irá construyendo el sujeto, su estructura.

La estructura es el tipo de organización del aparato psíquico para su funcionamiento.

Cada estructura tiene sus patologías y sus defensas

Vamos a hablar ahora de un punto fundamental y que no he mencionado hasta ahora. Se trata del descubrimiento de la diferencia anatómica de los sexos y como esto lo tramitan niños y niñas.

En 1925 Freud en su trabajo “algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica de los sexos” dice que en un principio los niños no saben que hay dos sexos diferentes, cree que todos son como él, pero llega un momento en que descubre la diferencia. El niño descubre que las niñas no tienen pene y esto supone angustia para él, por el temor a perderlo, el conocimiento de la falta de pene de la madre resulta igualmente doloroso por no decir más. Este descubrimiento y como se resuelva va a marcar la evolución del niño. La niña descubre que el niño tiene algo que ella no tiene y culpa a la madre de ello, después descubre que la madre tampoco lo tiene y se vuelve hacia el padre esperando que este se lo de.

En la satisfacción libidinal del niño se dan tres fases: oral, anal y fálica.

No podemos detenernos en estas fases pero en cada una de ellas el niño establece diferentes relaciones con el objeto y dependiendo de la satisfacción o frustración que se dé en cada una de ellas marcaran características y puntos de fijación en el niño.

Todo lo anterior, el descubrimiento de la diferencia de sexos, se da en la fase fálica en la que predomina un goce masturbatorio, el niño con el pene y la niña con el clítoris, esta fase termina con la declinación del complejo de Edipo y se considera a esta fase la primera fase genital.

Como veíamos antes en un primer tiempo el niño está con la madre a la que primero necesita, depende de ella y luego ama y desea, sintiéndose lo más importante para ella, mas tarde aparece el padre, que no es que no esté antes es que el niño no puede diferenciar, aparece pues el padre al que toma como rival. En un momento dado se da cuenta de que la madre mira al padre dándole un lugar que el niño quiere en exclusiva para él, y este, el padre, le dice que la madre está prohibida. El padre aparece ahí como ley, marcando lo que puede y lo que no puede. Recordemos que el niño está en fase fálica, gozando fálicamente. Cuando el padre dice no, el niño a descubierto la diferencia de los sexos, el miedo que aparece es el miedo a la castración, con su angustia correspondiente. Teme que el padre le castigue por desear a la madre cortándole aquello que le da tanto gustito, el pene. Por otro lado ama al padre y lo necesita para aprender de él y poder ser un hombre. El niño tiene que renunciar a la madre como objeto de deseo declinando el complejo de Edipo.

En cuanto a la niña, tras el descubrimiento de la diferencia anatómica de los sexos y la falta que ella cree tener, culpa a la madre, a esa madre que antes era su objeto de amor, ahora la odia y se vuelve hacia el padre a la espera de que él le de aquello que cree que le falta. Por otro lado tiene que mirar a la madre para ser una mujer. Pero la niña también tiene que renunciar al padre que es de la madre. Comienza a declinar el complejo de Edipo.

De cómo se atraviese este proceso depende la posición psicológica del niño, la estructura que desarrolle.

Con la declinación del complejo de Edipo, el niño y la niña se alejan de la sexualidad y la curiosidad y la energía invertida en ella, se sublima, se desvía, se desplaza hacia la curiosidad intelectual entrando en el llamado periodo de latencia, en el que la sexualidad deja de ser activa y la satisfacción se encuentra en el conocimiento, en aprender, en descubrir. La sexualidad reaparecerá en la adolescencia. El cuerpo se va desarrollando en la pubertad apareciendo los signos que le corresponden dando lugar a la adolescencia. Periodo este último en el que se da la oportunidad de reelaborar los restos, los conflictos subyacentes de etapas anteriores.

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